Según la tradición poética, la guerra de troya estalló a causa de un ultraje: Paris, un bellísimo príncipe troyano, hijo del rey Príamo, había ido con una nave a Grecia y había sido acogido como huésped po Menelao, rey de Esparta, que tenía como esposa a Helena, la mujer más bella del mundo. Ya se sabe cómo pasan algunas cosas: Paris, se enamoró de Helena y, aprovechándose de una usencia de Menelao, la raptó llevándose también el tesoro del rey. menelao, entonces, para lavar la afrenta sufrida y para recuperar mujer y tesoro, pidió ayuda a su hermano Agamenón y atodos los reyes aqueos,(como entonces se llamaban asi mismos los griegos de esa época) entre lo que existía un pacto de alianza.
De esta forma se preparó una expedición contra Troya. Una flota con diez mil hombres izó velas desde Grecia hacia Asia menor. Los guerreros aqueos atracaron precisamente delante de Troya, vararon las naves y comenzaron el asedio de la ciudad.
Comandante del ejército aqueo era Agamenón; el más fuerte de todos los guerreros era Aquiles, rey de los Mirmidones; y el más astuto Ulises. Llevaba la defensa de troya, Héctor, hermano de Paris, y.... pasaron diez años. No es que los asediantes no fueran valientes y no hicieran impetuosos asaltos contra las defensas de la ciudad. Pero con sus altas y gruesas murallas, con sus robustísimas puertas recubiertas de plancha de bronce, con sus arqueros siempre de vigía sobre las torres, Troya era inaccesible. También porque los dioses siguiendo los avatares de la guerra desde el Olimpo, el monte más alto de Grecia y residencia de las mayores divinades, tomaban partido, unos por los aqueos, otros por los troyanos, de forma que ninguno conseguia quedar vencedor.
Un día se presentó en el campo aqueo un anciano de aspecto solemne, envuelto en una blanca túnica. Era un sacerdote de Apolo, el dios del sol, y se llamaba Crises.Su hija Criseida, una joven hermosísima, había sido capturada por los aqueos y ofrecida como esclava al rey Agamenòn. El anciano padre venía a pedir una restitución.
-Que los dioses os concedan apoderaros de la poderosa Troya -así habló a los aqueos reunidos en torno a él -, pero devolvedme, os lo ruego, a mi hija! ¡Aceptad estos regalos y respetad en mí al luminoso Apolo!
-¡Es justo! ¡Es justo!- fue el comentario unánime de los aqueos, conmovidos por le venerable aspecto del sacerdote.
Pero Agamenón, a quien disgustaba renunciar a la bellísima esclava, fue de parecer totalmente contrario. Y amenazadoramente respondío al anciano:
-No pienses recuperar nunca a tu hija: ¡me la llevaré conmigo a Argos, la capital de mi reino y ella envejecerá en mi casa! ¡Vete, por tanto, y que no te vea más o no tendré ningún respeto por tu dignidad de sacerdote!
Asustado, con el corazón lleno de amargura, Crises se alejó encaminándose a lo largo de la costa. Pero cuando ni el feroz Agamenón le podía ver desde el campamento aqueo,se detuvo y, elevando las manos al cielo, comenzó a orar así:
-Oh dios que iluminas el mundo, si siempre te he honrado devotamente, si siempre te he sacrificado las mejores víctimas, escúchame ahora y atiende mi petición: véngame, y haz que los griegos paguen la ofensa que he tenido que padecer!
Sus palabras no quedaron sin ser escuchadas.
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